Escuela matancera de canotaje: Estirpe de campeones
Amanece en la hermosa bahía matancera. Mientras la mañana avanza, ya los muchachos de la Base Náutica Camilo Cienfuegos han completado varias rutinas de ejercicios. A primera hora, en el frescor del alba, navegaron varias veces el río, para completar posteriormente parte del entrenamiento en el gimnasio.

Conversan entre ellos, y lanzan algún que otro chiste. Como es común en los muchachos de su edad, también permanecen conectados a alguna red social desde sus celulares.
Luego dedican parte del receso a acariciar a la mascota de la base, a quienes nombraron Pulguita. Se trata de una perrita criolla que a todos mueve la cola, pero que se torna celosa con los intrusos.
Cuando el reloj marque las diez de la mañana se dirigirán hacia la nave donde desarrollarán los ejercicios de fuerza. El colectivo de entrenadores permanece atento a la preparación.
Al observar hacia el interior de una de las instalaciones, crece la admiración por los tantos reconocimientos y medallas obtenidas a lo largo de los años. Resultan impensables tantos logros a pesar del estado de los botes, que a simple vista muestran desgaste y deterioro.

Mas, para los jóvenes remeros, no parece tener la mayor importancia las condiciones de sus equipos. Durante décadas han mantenido un alto nivel competitivo, alcanzado los primeros lugares en múltiples certámenes deportivos.
La ejercitación consistirá en pesas, subir la soga, y avanzar en “carrito”, como le nombran a un ejercicio que asemeja el esfuerzo que se hace con el bote. Realizarán varias repeticiones de cada modalidad.
En el salón de vetustos equipos de pesa, predominará el golpeteo metálico de los discos. En la tarde, se reincorporarán a los entrenamientos en el río.
En esta base náutica la doble sesión de entrenamiento, entre otras estrategias de preparación, le han permitido mantener durante más de 20 años los lugares cimeros en los eventos deportivos en los que participan.
Para Lina Yusleidy Velozo, jefa de cátedra de la disciplina, los resultados responden a la creación y consolidación de una escuela matancera de canotaje.
“Desde el proceso de iniciación en el área especial, comenzamos a trabajar con los niños de 9 años que posean aptitudes para este deporte. Después se hace una selección para integrarlos a la EIDE. En ese periodo se comienzan los entrenamientos de alto rendimiento”.
“Nuestro centro deportivo se caracteriza por la consagración, donde cada talento que llega se integra muy bien al resto del equipo. Todos quieren ser campeones, y para ello cuentan con un excelente grupo de entrenadores que también batallan por alcanzar cada año nuevas victorias”.
Semejante entrega ha sido recompensada con creces. Durante 20 años, de manera ininterrumpida, han liderado este deporte a nivel nacional, con dominio absoluto de los Juegos Escolares.
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La joven canoista Delenys González le gusta posar para las fotos luego de culminar cada competencia. Le pide a su madre que la retrate sosteniendo el remo como si estuviera realizando una de esas brazadas que la convirtieron en campeona indiscutible.

Con apenas 15 años logró una hazaña pocas veces realizada en el río san Juan: logró detener el cronómetro en 2: 09 en una distancia de 500 metros.
El tiempo alcanzado y la estabilidad en su rendimiento le favorecieron para su ingreso a la Escuela Nacional de Canotaje.
Cuenta que llegó al deporte por casualidad. Una vez, jugando con unos amigos a orillas del río, cuando cursaba el cuatro grado, se le acercó un entrenador y le preguntó si le interesaba el deporte.
Días después se acercó al área especial, y con el tiempo comenzó a entrenar con ganas hasta convertirse en un prospecto del canotaje en el país.
Cuando entra al río para los entrenamientos no piensa en nada más. Siente como sin ningún problema el agobiara. «Es la libertad absoluta».“Disfruto competir, y cada décima de segundo que logro bajar me llena de alegría y me impulsa a entrenar con más entrega y seriedad”.
Sin embargo, para el colectivo de entrenadores y atletas representó una noticia devastadora la suspensión de los Juegos Escolares Nacionales.
El periodo de preparación quedaría trunco, porque las medallas y el podio fungen como epílogo de la intensa etapa de preparación durante el curso.
Por eso el cuerpo de profesores diseñó los Controles, una especie de competición entre los alumnos para que no pierdan la motivación, según explica la profesora Lina.
“De esa forma continuarán concentrados en su formación con el deseo de continuar siendo atletas competitivos y con grandes aspiraciones de alcanzar nuevos títulos».
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Una tarde de principios de junio, bajo el puente de Tirry la entrenadora permanece con el registro donde plasmará los tiempos alcanzados por cada competidor.
A 500 metros de distancia se posicionan los muchachos esperando la voz que anunciará el inicio de la carrera.
En el malecón de la calle Nárvaez también se agrupan varios padres, un eslabón fundamental en la formación de los futuros campeones.
Avanzan las canoas sobre la mansa corriente del San Juan. Se escucha el voceo desenfrenado de una madre para apoyar a su hija. Pareciera que rema junto a ella. O al menos eso quisiera.
La profe aguarda bajo el puente mirando el cronómetro. Justo cuando pasan los botes detiene el reloj y anota el tiempo alcanzado.
Luego corregirá algún error de sus alumnos, llamará la atención o elogiará al más sobresaliente.
«Muchos mejoraron sus marcas personales», comenta, mientras agrega que de competir hoy en un certamen nacional subirían al podio. Exhiben registros significativos que demuestra que en la base náutica matancera se seguirá fomentando la estirpe de los campeones.
