24 de septiembre de 2026

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La tenacidad siempre alcanza el éxito

Un niño recuperado representa la razón por la que se decidió por esta carrera, una de las más sacrificadas y hermosas
El doctor Adriel Orozco transita por la vida sin ínfulas de grandeza. Más bien avanza atareado, con el ceño fruncido, con la mente distante por momentos, pero con esa capacidad de aterrizar al instante cuando se precisa de una respuesta oportuna.

En sus hombros recaen múltiples responsabilidades que él logra desempeñar, no sin un que otro sobresalto. Porque a veces urge un medicamento esencial para salvar la vida de un niño.

Adriel, o más bien Orozco, como todos le llaman en el Hospital Pediátrico Eliseo Noel Caamaño, tiene la capacidad y resolución para conocer si un medicamento está en existencia y si no, en cuál institución debe localizarlo.

Este joven sabe cuándo sale de casa, pero nunca tiene la seguridad de la hora en que regresará, porque una vez en el hospital son muchas las tareas y decisiones que debe asumir.

Como subdirector de Aseguramiento Médico son innumerables los avatares ante la carencia de insumos y se vuelve una especie de práctica desconcertante a veces distribuir lo poco entre muchos.

Esa disyuntiva ha marcado su existencia en los últimos años al frente de esta importante actividad.

Algo sí tiene claro: cada fármaco que llega al hospital representa la salvación de los pequeños. Por eso la seriedad con la que decide la distribución de las medicinas y la alegría que se le dibuja en el rostro cuando llega un donativo de los múltiples amigos solidarios de Cuba.

El doctor Orozco logra un desempeño loable al frente de los procesos bajo su supervisión, pero si le preguntan, primero que todo destacará el amor por su especialidad, esa por la que tanto estudió a golpe de sacrificio y tenacidad.

Para alcanzar el primer grado en la especialida de Ortopedia y Traumatología fueron muchas las horas de desvelos y las cientos, quizás miles, de hojas que pasaron antes sus ojos como parte de su formación.

Con orgullo menciona que al principio fue la Enfermería la que marcaría el derrotero a seguir en el camino hacia concretar su deseo de ser doctor. Otro punto de giro en su vida lo representó aquella primera vez que entró a un salón quirúrgico y descubrió ese universo fascinante.

Al alcanzar excelentes resultados académicos mientras se desempeñaba como enfermero, le brindaron la oportunidad de matricular la carrera de Medicina.

Serían innumerables los años dedicados al estudio, pero paso a paso, y con gran esfuerzo, fue dándole forma y cuerpo a su deseo de ser médico y optar posteriormente por la especialidad de Ortopedia.

En ese intenso periplo acumulando experiencias y conocimientos cumplió misión en Venezuela, donde se vio al frente de un quirófano, contribuyendo con éxito a la recuperación de cientos de venezolanos.

Al regresar de aquel país realiza su exámen estatal y es en ese momento, una vez aprobado, que quizás pasaron de golpe por su mente los instantes decisivos que han moldea su profesionalidad: el apoyo decisivo de su madre, la permanenecia en el Hospital José Luis López Tabranes, luego en el Militar, su paso por el Faustino, el magisterio de la profe Álvarez Núñez, y sobre todo su pasión por su especialidad.

Nada le reconforta más que asistir a su consulta y desempeñarse como médico pediatra en Ortopedia. Logra, aunque a veces no sabe cómo, llevar a la par y cumplir con todas las restantes tareas.

Será fruto de la dedicación, en detrimento en ocasiones de su propia vida personal. De las 24 horas del día son muchas las que le dedica al Hospital Pediátrico, un lugar fundamental al que regresa cada jornada como quien se adentra en ese refugio cálido y necesario, a pesar de la complejidad del momento. Porque todo no es color de rosa, existen también las incomprensiones, los tropiezos, las carencias, pero más que todo, las ganas de ver a los niños saludables.

Por eso se emociona cuando de paso por la ciudad escucha aquella frase reconfortante de: «¡Doctor!, ¿se acuerda de mí? Usted me atendió hace años». Y aunque no lo recuerde del todo, se detiene y regresa el saludo cariñoso.

Porque un niño recuperado representa la razón por la que se decidió por esta carrera, una de las más sacrificadas y hermosas, y que a pese a todo, le sigue motivando cada día.

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